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Casa Ananías, un templo de cocina tradicional casera en Madrid

Por Pablo García-Ramos

Cuando se habla de comida casera a todo el mundo se le viene a la cabeza un tipo de cocina con raíces, rica y de confianza, vamos, como la que se comía en muchos de los hogares españoles. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias porque ni en todas las casas se comía tan bien ni todas eran dignas de tal confianza. Cosa contraria ocurre en Casa Ananías, uno de lo monumentos que Madrid rinde a la comida tradicional y casera.

Aunque fundada en el año 1930, es nueve años más tarde cuando su fundador, Ananías Calzón, traslada el negocio a su actual ubicación en el barrio de Argüelles. Desde hace 80 años tres generaciones han regentado este emblemático local madrileño.

Comedor

Al frente del actual negocio está Roberto Cardo, gran aficionado a los toros y que a mediados de los 50 probó suerte como novillero, llegando a cortar dos orejas en la plaza de Alcalá de Henares. La afición del propietario se hace patente en la decoración de los comedores. Dos de ellos reúnen fotos, carteles históricos de la Feria de San Isidro, azulejos decorados con preciosas estampas taurinas y un sinfín de recuerdos de indiscutible sabor torero. En estas dos salas mantiene la tradición de los manteles de cuadros, algo nada adjetivo y que a mi entender conforma el ADN de las casas de comida tradicional. Al fondo, otro comedor más sobrio aunque igualmente acogedor, completa el aforo del establecimiento.

Si hay algo que defina la carta de Ananías es la variedad de su oferta, con mención especial a sus guisos donde sobresalen las lentejas con codorniz, judiones con venado o callos a la madrileña. También están atentos a los productos de temporada con unos excelentes espárragos a la plancha y, estos días otoñales, una gran variedad de setas en distintas elaboraciones. Dejando al margen los pescados (lo siento, soy de puerto de mar y aunque la meseta siempre supo seleccionar bien el producto, suelo probarlo en origen), mantiene Ananías una magnífica diversidad de productos cárnicos. A los cortes clásicos como el chuletón de choto, entrecot, solomillo, escalopes,.., añaden exquisitas recetas de casquería fina -tan típica de Madrid y tan poco reivindicada en nuestra cocina- donde triunfan los sesos rebozados y las mollejas de cordero. Del toro preparan unas carrilleras o un rabo que permanecen en el recuerdo de quien firma esta reseña. Aunque me dejo muchos platos en el teclado del ordenador, mencionar las manitas de cordero, la perdiz estofada o los sencillos huevos con picadillo.

Los postres también son caseros de verdad con pocas concesiones a la innovación: arroz con leche, crema catalana, milhojas, tarta de orujo o mousse de yogur.

Destacar:

El servicio es muy profesional. El personal de sala lleva muchos años al frente de los comedores dando ejemplo de su buen hacer.

El precio es otro de los alicientes de Ananías. A mediodía tienen en menú y por las noches de cena a la carta.

Curiosidades:

Local de ambiente taurino, hace años era fácil encontrarse comiendo al ganadero de reses bravas Victorino Martín y a otras gentes de la tauromaquia madrileña.

Mejorar

Con Ananías sucede que cualquier cambio puede romper el encanto del establecimiento. Mejor no tocarlo

Ficha:

CASA ANANIAS

Calle Galileo, 9

28015 MADRID

Telefono: 91 448 68 01

Como llegar: http://bit.ly/ananias

Página web: http://casa-ananias.mirelojeria.com/

Forma de pago: admiten tarjetas 4B – Visa – Red 6000 – Amex – Dinners – Master Card – Servired y cheques restaurant

Aparcamiento: cercano en la calle Princesa

Capacidad: Hasta 75 comensales en tres salones. Tiene una barra muy agradable para hacer más cómoda la espera.

Precio:

Se acompaña factura de una cena de cuatro comensales.

pablo

3 Comments

  • Fede

    Pablo, gracias por compartir éste artículo con nosotros, la verdad que leída tú experiencia parece recomendable, en enero tengo pensado ir a Madrid e intentaré conocer este sitios.

    13 Diciembre, 2010 at 15:31
  • Pablo G-R

    Era un sitio que le encantaba a mi padre y me llevaba muchas veces. Lo más fascinante es que los camareros son los mismos que atendían el local cuando yo era estudiante. Unos cracks.
    Lo mejor es ir a comer en mayo, durante la feria de San Isidro, y encender el habano en la plaza.

    13 Diciembre, 2010 at 18:29
  • Javier

    Pablo, que buenos recuerdos me trae del Madrid de los mediados 80.
    Nunca olvidare esas judías pintas.
    Espero que Angel siga dirigiendo la sala con esa entrañable familiaridad con la que en aquellos años nos trataba a los estudiantes

    4 Febrero, 2011 at 15:28

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