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Cuando la comida es arte: Yayo Daporta

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En primer lugar, quiero agradecer a Federico la oportunidad que me brinda al ofrecerme esta primera colaboración como articulista en su afamado blog. Me halaga haber sido invitado a compartir mi experiencia, inédita en Fedegustando, con todos sus seguidores; tan solo espero que no defraude.

Haber visitado los restaurantes de algunos primeros espadas de la gastronomía no me convierte en un experto culinario, pero sí me ha aportado experiencia suficiente para valorar razonablemente estas concesiones gastronómicas que, de vez en cuando, me permito.

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En el municipio pontevedrés de Cambados se encuentra uno de los pocos restaurantes gallegos con una estrella Michelín. Se trata del restaurante Yayo Daporta; donde había reservado mesa, para dos: aprovechando una escapada de fin de semana.

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Ubicado en el casco viejo de Cambados, en una preciosa casa de piedra, el restaurante se encuentra en el primer piso al que se accede por una escalera exterior, también de piedra. Tras una recepción en el recibidor para confirmar la reserva, accedimos a la sala. De tamaño medio, tiene una ambientación muy agradable y acogedora, que facilita que enseguida nos sintamos confortables y relajados; dispuestos para disfrutar. Música, apenas perceptible; aire acondicionado, simplemente perfecto; el color de las paredes es… oscuro, sin dar sensación de ser lóbrego, ya que la sala dispone de ventanas que dejan entrar luz de la calle y, además, la adición decorativa de espejos permite que esta se distribuya por la sala. Alguna alfombra dispersa, también ayuda a facilitar la sensación de calidez general. Mesa amplia para dos y sillas muy cómodas. Mucho más de lo que reputados locales pueden aportar.

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La carta, mezcla la cocina tradicional con elementos innovadores de alta cocina -en mi humilde opinión, sin estridencias que difícilmente estaría capacitado para valorar-, ofrece la posibilidad de elegir un menú de degustación, común para ambos comensales, o un menú a la carta, en el que cada comensal elige dos primeros platos, un segundo plato  y un postre, todos ellos entre una variedad suficientemente amplia de opciones. Nosotros nos decantamos por el menú a la carta.

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Teníamos claro que acompañaríamos la cena con vino. Y aquí nos llevamos un par de sorpresas. Primero, disponen de varios menús de degustación de vinos: de la zona, de la región e internacional. Segundo, además de optar por un vino para compartir entre ambos, existe la posibilidad de que cada uno pida su vino; ella blanco y yo tinto, por copas. Por si fuera poco, además, tienen la bodega integrada en la sala, en un habitáculo refrigerado en el que apenas entran un par de personas. ¡Y te invitan a visitarlo!, por lo que es habitual ver a los comensales levantándose de sus sillas para visitar la bodega y elegir el vino. Cada botella está etiquetada cuidadosamente. Es un placer dejar que la vista rebusque entre cavas, blancos, rosados y tintos, de diferentes denominaciones de origen y nacionalidades.
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Todo esto sin haber comenzado a cenar.

De la cena, ¿qué podemos decir? Todos somos esclavos de nuestros gustos y preferencias, en consecuencia, es difícil trasladar las más puras sensaciones culinarias, referidas a aromas, texturas y sabores, sin caer en tópicos. Pero puedo aportar algunas cuestiones no tan accesorias como pudiesen parecer. Por ejemplo: que la cadencia entre plato y plato fue la adecuada –a nuestro entender-, incluso cuando más gente había en el restaurante; que todos los platos que probamos estaban deliciosos (tópico): la presentación, las texturas, la fusión particular de cada plato entre el ingrediente principal y los acompañamientos…; que a los platos que cada uno elegimos debemos de añadir dos generosos aperitivos que nos sirvieron previamente y una tabla con delicatessen varios para acompañar los digestivos e infusiones; que es difícil elegir un plato entre todos los que probamos. En resumen, que hay que probarlo -al menos una vez- para situar adecuadamente a cada uno en su lugar, estableciendo una referencia de altura. Nosotros, sin duda, repetiremos.

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El precio es muy comedido para lo que ofrece, incluso barato, comparado con otros restaurantes del mismo nivel. No me malinterpreten, pocos se podrán permitir más de una visita al año, sobre todo si es necesario desplazarse desde el lugar de residencia. Importante alojarse cerca, para olvidarse del coche y entregarse, con moderación, a los sabrosos caldos que guarda su bodega.

 

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A la mañana siguiente, durante el desayuno en nuestro alojamiento, me encontré con una pareja con la que habíamos coincidido la noche anterior en el restaurante. Intercambiando nuestras experiencias y sensaciones, de la cena, me comentaron que ellos suelen viajar, ex profeso, a probar restaurantes de cierto nivel. Y coincidimos en que, sin duda, Yayo Daporta es uno de los mejores y, en consecuencia, altamente recomendable.

 

 

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Por último, de toda esta experiencia artística -porque no solo importa lo que comemos- lo único que no nos aportó Yayo Daporta fueron las fotos que adornan esta entrada –sería lo más y una buena iniciativa para que todos las llevásemos encima y pudiésemos presumir de sus platos, además de una poderosa herramienta de marketing que evitarían que se dañase su imagen (disculpas, me disperso)-. La fotografía es una de mis pasiones, por lo que me llevé los bártulos para intentar realizar fotos de calidad medianamente aceptable a los vistosos platos, tratando de conseguir, al menos unas imágenes dignas, que no desmereciesen el esfuerzo artístico de la cocina y que ayudasen a animar a los indecisos a probar este restaurante. En mi descarga he de decir que las condiciones de iluminación no eran las idóneas para hacer fotos de comida. Por supuesto, todas están realizadas sin levantarme de la silla y sin flash –cualquiera de las dos cosas resultaría bastante molesto para el resto de comensales y no se trataba de estropear la experiencia a nadie.

 

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Sólo un pero: sé por conocidos que lo han visitado que Yayo Daporta sale de la cocina a interesarse por la opinión de los comensales y en este caso no ha sido así; le podía haber realizado una foto a él. Quizá en la próxima ocasión.

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Confiando en que esta aportación haya resultado interesante y no demasiado larga y tediosa, envío un saludo a todos.

Más información en: www.yayodaporta.com

Post by Guillermo Cobelo @GCobelo 

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